Existen nuevas propuestas musicales que buscan abrirse espacio en la escena cultural de la capital y Latir Festival les mostró a los bogotanos que detrás de esos nuevos sonidos también existe una conversación más amplia sobre los desafíos que enfrentan los artistas emergentes para ser escuchados. Durante tres días, el festival reunió a once artistas nacionales e internacionales con propuestas que cruzaron distintos géneros, mientras el público recorrió conciertos, conversatorios y un mercadillo en el que la música convivió con otras expresiones artísticas y gastronómicas. Más allá del escenario, el encuentro planteó una experiencia pensada para acercar al público a los procesos creativos de quienes hoy construyen nuevas formas de hacer música.
La presencia de artistas independientes, junto con la apuesta por sonidos alejados de lo comercial, también dejó sobre la mesa una pregunta sobre la relación entre esas propuestas y sus audiencias. En un momento en el que gran parte del consumo musical ocurre a través de plataformas digitales y algoritmos que suelen privilegiar lo conocido, festivales como Latir Festival se convierten en plataformas de circulación para proyectos que encuentran menos espacio en los circuitos tradicionales. La discusión ya no pasa únicamente por cuántas personas asisten, sino por las condiciones que existen para que nuevas voces logren conectar con el público.
Entre la diversidad de géneros, la mezcla de culturas y el diálogo entre artistas y asistentes, el festival dejó ver que la música también puede ser una forma de encuentro. Al mismo tiempo, abrió una reflexión sobre cómo se construye hoy la visibilidad dentro de la industria cultural y qué papel cumplen estos espacios para que propuestas emergentes no solo se presenten, sino que realmente puedan ser escuchadas.











