Lo que comenzó como una revolución de movilidad sostenible se ha ido convirtiendo, en varios países de la región, en una carrera cuesta arriba. Tembici, enfrenta crecientes dificultades financieras, demandas de consumidores, vandalismo y problemas de infraestructura que amenazan la continuidad de su modelo en distintos mercados.
Tembici es una empresa legalmente constituida en las Islas Caimán al sur de Cuba, aunque su sede operativa se encuentra en Brasil. Fue fundada en 2012 por Tomás Petti Martins y Maurício Villar, con el propósito de desarrollar proyectos de micromovilidad en América Latina. A lo largo de sus trece años de trayectoria, la compañía ha consolidado presencia en cuatro países y dieciséis ciudades, entre las que destacan Río de Janeiro (Brasil), Santiago (Chile) y Buenos Aires (Argentina).
Su operación se basa en un sistema de bicicletas compartidas con estaciones distribuidas en la ciudad, donde los usuarios alquilan bicicletas mecánicas o eléctricas mediante una aplicación móvil que se asocia a la tarjeta débito o crédito del usuario. Para operar, la empresa firma contratos con las administraciones locales que contemplan mantenimiento, operación y uso del espacio público a cambio de contraprestaciones que no siempre son económicas. Aunque el modelo suena simple, en la práctica ha tenido fallas en todos los países donde opera.
Río Bike
Brasil, lugar donde nació Tembici y donde mantiene sus operaciones más grandes —en São Paulo, Río de Janeiro, Recife, Salvador y Porto Alegre—, ha experimentado de primera mano las fallas y dificultades del sistema. En agosto de 2025, el Ministerio Público del estado de Bahía una investigación para indagar posibles cobros indebidos en los sistemas de bicicletas compartidas operados por la empresa, luego de que decenas de usuarios reportaran cargos automáticos por viajes no realizados o que excedían injustificadamente los tiempos contratados.
Además, en la plataforma de atención al consumidor “Reclame Aqui” Tembici acumula miles de denuncias por fallas en la facturación, atención deficiente y bloqueos arbitrarios de cuentas. Aunque la compañía sostiene que los cobros corresponden a usos no reportados correctamente por los usuarios, el creciente número de reclamos ha motivado la intervención de autoridades de defensa del consumidor en varios estados.
A estos conflictos se suma un problema estructural: la falta de infraestructura segura. Según las autoridades de movilidad de Brasil una encuesta del propio sistema reveló que el 36 % de los brasileños identifica el miedo a los accidentes de tránsito como la principal barrera para usar la bicicleta. La inseguridad vial, especialmente para mujeres, ha limitado el crecimiento del servicio, pese a que la empresa reportó más de 35 millones de desplazamientos en el primer semestre de 2025. Como señaló el sitio, el uso de la bicicleta avanza, pero “la seguridad sigue siendo el principal desafío”.
Bike Santiago
En Chile, el panorama tampoco mejora. El sistema Bike Santiago, operado por Tembici bajo la marca Bike Itaú, ha sido objeto de demandas colectivas ante el el Servicio Nacional del Consumidor por cobros abusivos y fallas en la prestación del servicio, con más de 700 denuncias en un solo año. Los usuarios denunciaron que se les cobraron montos por tiempos que no correspondían y que la empresa aplicaba cláusulas contractuales unilaterales. Algo parecido a lo que sucede en Brasil con la empresa.
A esto se suman las deudas millonarias con el banco Itaú, patrocinador del sistema, que incluso demandó a la empresa gestora por incumplimiento de pagos. La situación derivó en un retiro progresivo del servicio en Santiago centro, decisión que Revista pedalea calificó como “un golpe a la movilidad compartida”, al dejar sin alternativa a miles de ciclistas urbanos.
“La salida de Bike Itaú del centro de la capital es un retroceso para una ciudad que avanzaba hacia un modelo de transporte sustentable”, escribió el medio chileno, recordando que el sistema llegó a tener más de 3.500 bicicletas distribuidas en 250 estaciones. Hoy, muchas de esas estaciones están fuera de servicio o en mantenimiento prolongado, y los usuarios reclaman por la falta de respuesta de la empresa en redes sociales.
BA Ecobici
En Buenos Aires, donde Tembici opera el sistema público de bicicletas, conocido como BA Ecobici, los problemas son distintos, pero igualmente persistentes. Según reportes de medios locales, los usuarios se quejan por bicicletas en mal estado, estaciones saturadas y una aplicación con fallas constantes. Las dificultades técnicas han llevado al Gobierno de la Ciudad a evaluar ajustes contractuales y exigir mejoras en el mantenimiento, pues el sistema cuenta con subsidios y financiación estatal, como no sucede en otras ciudades de Americalatina.
La situación se agrava por la brecha territorial, pues las estaciones están concentradas en zonas céntricas y turísticas, mientras que los barrios periféricos apenas cuentan con puntos de acceso, como sucede en Bogotá. Pese a ello, el sistema sigue siendo uno de los más usados de la región, con más de 300 estaciones y 4.000 bicicletas activas, lo que demuestra tanto su potencial como sus límites.
Aunque los contextos varían, los problemas parecen tener un patrón común, dependencia de patrocinadores privados, dificultades de sostenibilidad financiera y cobertura desigual. En todos los países donde opera, Tembici ha sostenido su negocio gracias a alianzas con marcas —como Itaú, en Chile, Colombia y Brasil— que subsidian buena parte de los costos operativos. Cuando esas alianzas se debilitan, el sistema se vuelve económicamente inviable. como sucedió en Bogotá con el retiro del patrocinio privado.
Recordemos que Tembici se sostiene a través de alianzas estratégicas con patrocinadores privados, y con los recursos aportados por los usuarios, siendo el banco Itaú uno de los más representativos en ciudades como São Paulo, Río de Janeiro, Buenos Aires y Santiago, donde las bicicletas llevan su marca. Asimismo, la empresa ha recibido respaldo de organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID Invest), que en dos mil veinte realizó una inversión de capital cercana a los cinco millones de dólares para apoyar la consolidación y expansión de Tembici en América Latina. Además de recibir otros tres millones del Fondo Climático de Financiamiento Mixto Finlandia-LAC y 15 millones de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos.
A más de una década de su fundación, Tembici sigue siendo una de las mayores empresas de micromovilidad en América Latina. Sin embargo, su expansión regional enfrenta tensiones que ponen a prueba su modelo de negocio. Lo que alguna vez fue símbolo de innovación ecológica hoy evidencia los vacíos de planificación urbana y la fragilidad de los proyectos público-privados.